Display Comb 4

/ featured media, post meta, title, read more link and full content

El espinillo es muy común en nuestro país, formando parte del llamado “monte de parque” en el litoral uruguayo   , donde los espinillares se pueden comparar a los existentes en territorio argentino. Muy atractivo cuando exhibe su floración color oro a fines de invierno y comienzos de primavera, invadiendo los campos y montes criollos con un delicioso e inconfundible aroma.

 

Nombre científico: Acacia caven (Mol.) Molina
Sinónimo: Mimosa caven Molina
Familia: Fabaceae (Leguminosae)

Origen: Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay

Aspecto y porte: Arbusto o arbolito muy ramificado, de copa globosa, 5-8 m de alto. Follaje caduco. Ramas fuertemente espinosas, sobre todo las jóvenes.

Hojas: Compuestas, pequeñas de hasta 5-7 cm de largo, bipinnadas, 3-10 yugos, pinnas con 15 a 20 pares de folíolos muy pequeños y lineares. Raquis glanduloso.

Flores: Amarillas, muy abundantes y perfumadas, hermafroditas, agrupadas en cabezuelas globosas sostenidas por pedúnculos largos. Corola tubulosa y pequeña, estambres numerosos, más largos que la corola.

Fruto: Cuatro núculas incluidas en el cáliz.

Exposición: Pleno sol. Se adapta perfectamente a nuestras condiciones, tolerando aceptablemente condiciones costeras.

Temperatura: Se adapta muy bien a un amplio rango de temperaturas.

Riego: Mantener húmeda la tierra alrededor de las raíces en el período de instalación. Una vez establecido, resiste las sequías.

Plantación: Su cultivo no ofrece dificultades, pudiendo ser invasor en vastas áreas si no se controlan sus rebrotes y la regeneración.

Multiplicación: Se propaga por semillas sembradas en primavera. La escarificación de las mismas es conveniente

Poda: No se suele podar, salvo para eliminar ramas secas y para formar la copa a determinada altura.

Uso: Ornamental. Muy vistoso y llamativo por su floración amarilla con fuerte aroma, la que se da antes o conjuntamente con la aparición de las hojas. Sus flores son utilizadas en perfumería. Buena planta melífera.

Texto y fotos: Hernán Urrestarazú

Nombre científico: Acca sellowiana (Berg), Burret = Feijoa sellowiana Berg
Clase Magnoliopsida, fam. Myrtaceae

Origen y habitat: Tiene amplia distribución en Sudamérica: se lo encuentra en nuestro país, Argentina, Chile, Bolivia y sur del Perú. Vive en montes de quebrada y serranos.

Aspecto y porte: Arbusto ramificado hasta árbol pequeño, puede alcanzar entre 1 y 4 m de altura. Corteza de color gris pálido, áspera o algo escamosa. Follaje persistente, de aspecto característico por la diferencia de color entre las caras de las hojas. Ramillas rígidas.

Hojas: Simples, opuestas, pecioladas, pecíolos de 4 a 8 mm, ovoides o elípticas. De color verde oscuro y brillante en el haz y lanoso-tomentoso blanquecinas en el envés.

Flores: Solitarias con cuatro sépalos verdes y cuatro pétalos de color blanco-rosáceo, caedizos. Estambres rojos, numerosos, con anteras de color amarillo intenso. Florece en octubre y noviembre. La polinización es realizada por pájaros y por insectos, constituyendo un importante recurso para ellos.

Fruto: Baya oblonga de 3 a 5 cm de largo, verde oscuro en la madurez, conserva el cáliz. Pulpa blanquecina o amarillenta, muy perfumada. Fructifica en verano.

Multiplicación: Se reproduce por semillas, esqueje o acodo. Las podas detienen la fructificación. En Estados Unidos y en Nueva Zelanda se han obtenido variedades mejoradas.

Uso: Sus frutos son comestibles, de agradable sabor. Se pueden comer crudos, en jugos o en dulce. Es una especie importante desde el punto de vista ornamental.

Mario Piaggio

El follaje del guayabo es de textura gruesa. En la mayoría de los ejemplares es compacto, pero fiel a la variabilidad de la especie, los hay más abiertos, donde la luz penetra en profundidad y favorece la floración.

Los frutos pueden ser grandes o chicos; redondos o alargados; semirrugosos, rugosos o lisos; más brillantes o más grises; de cáscara fina o gruesa, con pulpa y semillas también variables.

El guayabo del país (Acca sellowiana o Feijoa sellowiana) es una planta autóctona de gran valor ornamental cuyo cultivo con fines comerciales viene cobrando interés en Uruguay. Prefiere los climas frescos, cuya temperatura media anual no supere los 16 ºC. No es exigente con los suelos: la mayoría de los ejemplares se encuentran en suelos de baja fertilidad. De porte algo achaparrado, globoso, compacto, muy ramificado, es un árbol sumamente atractivo por su hermosa flor, el colorido de su follaje y sus frutos. Todas estas virtudes del guayabo fueron muy valoradas ya en el siglo XIX: en 1854 Otto Berg describió al guayabo por primera vez basándose en material recogido por Friedrich Sellow en 1819. Pero fue recién en 1908 que comenzó la mejora genética para producir frutos con alto valor comercial en… ¡Nueva Zelanda! Investigadores de ese país llevaron material genético de Uruguay y comenzaron un proceso que los llevó, hace décadas, a ser exportadores de guayabo fresco para el mercado europeo. Lo mismo hicieron chilenos, colombianos y norteamericanos.

En Uruguay todavía hay pocas plantaciones que producen para la venta de frutos frescos. Es más común que los uruguayos consuman el guayabo ya procesado en dulces o jaleas. Una de las limitantes para su comercialización en fresco es la variabilidad productiva —cantidad, tamaño y sabor de los frutos— que presentan las plantas, y el reducido número de productores que conocen su manejo.
En 1998 la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República lanzó un programa de prospección y estudio del material genético de especies nativas en varios puntos del país, y en 2005 inició la investigación “Primer estudio sistemático de las poblaciones de Acca sellowiana (Berg) Burret como recurso genético”.
A partir del año 2000 la Universidad de la República, el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA) y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca comenzaron a trabajar conjuntamente en la producción de frutos nativos con potencial comercial, realizando estudios de prospección, selección y evaluación de plantas nativas para uso frutícola. Este programa de investigación tiene una particularidad: se trata de una investigación participativa, apoyada en parte en los conocimientos que tienen quienes habitan cerca de los lugares donde crecen en forma natural las especies nativas y que conocen sus virtudes, las variantes de las plantas y de los frutos, cómo se comportan y dónde crecen mejor, mientras que las instituciones aportan la metodología, la infraestructura y el conocimiento técnico-científico.

Área protegida de Riachuelo

Ejemplo de esta asociación entre instituciones y pobladores es esta área protegida, creada por el INIA, la Intendencia de Colonia y los vecinos de Riachuelo al Norte, en Colonia, donde se realiza el seguimiento de ejemplares de guayabo para identificar y seleccionar plantas con buena productividad y calidad de los frutos. Esta modalidad de cooperación implica también el rescate de saberes populares que, sumados al conocimiento científico, generan nueva información y la preservación del patrimonio genético.
En esta área se observó la presencia de otras especies nativas como el arrayán y la pitanga, que forman una asociación benéfica para el guayabo, aportándole semisombra y reparo. En cambio, hubo que hacer una gran limpieza de eucaliptus y canelones, muy abundantes en la zona, que provocaron la asfixia de gran cantidad de guayabos.
Con la cosecha de los ejemplares del área protegida se realizaron dulces y almíbares con distintas concentraciones de azúcar y procesamiento de la fruta, así como orejones secados al sol con y sin cáscara. Se crearon varias recetas originales, se repartió en escuelas primarias un recetario de comidas a base de guayabo y se obsequió a los comercios de Tarariras envases artesanales con información sobre las virtudes y usos de esta fruta.

 

“Después de los frutales deben tener lugar los árboles silvestres que adornan nuestras riberas. Abrigan nuestros árboles más delicados, y sirven con su madera para muchos usos. Entre los silvestres debe hablarse primero de los sauces, que son indígenas del país, y los más antiguos del Miguelete.
Por las utilidades sin número que se logran en los sauces, además de su verde claro y su desgaire gracioso con que alegran y satisfacen la vista, deben ponerlos en sus huertas todos los que en ellas tengan agua viva y permanente, o en las orillas del arroyo, o en cualquiera otra parte que la tengan.
Los carretilleros de mulas para las varas de sus carretillas prefieren las de sauce a las de toda otra madera; porque, sobre ser livianas, no se quiebran tan fácilmente como otras que, siendo duras, son más vidriosas. Por la misma razón se prefieren las varas de sauce para sentar sobre ellas los andamios en los edificios que se hacen. Por todas estas razones los sauces se deben mirar con aprecio, y deben multiplicarlos en sus herederos cuantos tengan sitio oportuno para hacerlo”.

José Manuel Pérez Castellano Observaciones sobre Agricultura (1814)

Nombre científico: Salix humboldtiana,
clase Magnoliopsida,
familia Salicaceae

Origen y hábitat: Especie propia de América cálida hasta el norte de la Patagonia. Es una especie hidrófila que en Uruguay vive en la primera línea de las orillas de ríos y arroyos de todo el país, especialmente en el noroeste. Forma agrupaciones llamadas sauzales. Es la única especie de Salix de Uruguay.

Aspecto y porte: Árbol que alcanza de 10 a 12 m de altura. Copa amplia. Tronco con corteza gris oscura, persistente y asurcada de grietas que se unen oblicua y lateralmente. Ramas elevadas, ramillas amarillentas colgantes. Inerme. Follaje caduco.

Hojas: Simples, alternas, estrechamente lanceoladas a lineales, de 4 a 15 cm de largo. Borde finamente aserrado, glabras, ápice agudo y base cuneada, pecíolos cortos.

Flores: Es una especie dioica que presenta pies masculinos y femeninos. Flores en amentos de 3 a 6 cm de largo. Los masculinos son más largos y amarillentos, los femeninos son más cortos y verdes. Ambas flores son aperiantadas (carecen de cáliz y corola), estando protegidas por brácteas enteras o dentadas. Floración en agosto a diciembre, que comienza cuando aparecen las nuevas hojas en primavera.

Fruto: Cápsula ovoide, en espiga colgante, marrón claro, de 5 mm de largo. Semillas numerosas, algodonosas, con un mechón de pelos blancos que se dispersan por el viento.

Propagación: Se multiplica por estacas y semillas. Crecimiento rápido.

Uso: Es una planta melífera. Como forestal, la madera es blanda y liviana, buena para fabricación de cajones, tirantes, juguetes y otros artículos. También se usa como ornamental y en el campo para refugio de animales. La corteza tiene propiedades medicinales y en ella se descubrió el principio activo de la aspirina. Las hojas hervidas con champú dan brillo al pelo.

Mario Piaggio

Jardín vertical, con plantas muy conocidas

Los dictados de la moda también están presentes en las plantas de jardín:  unas se quedan para siempre, otras tienen su cuarto de hora y luego las dejamos de cultivar. A unas las descartamos porque no se adaptaron o porque lo hicieron demasiado bien y las consideramos comunes, a otras porque se volvieron invasivas y problemáticas. Y hasta algunas que habíamos elegido por tan especiales o exóticas en forma y color nos terminan cansando y las cambiamos por nuevas especies que nos gustan más.
Sin embargo, algunas de las viejas conocidas tarde o temprano vuelven a estar en boga: son las que se han adaptado perfectamente a nuestros jardines, y tienen cualidades estéticas que una y otra vez volvemos a valorar y aprovechar.

Leandro Gómez
Tradescantia sp

Herbáceas perennes de porte rastrero o colgante, algunas tienen un follaje muy interesante: hojas variegadas con rayas en blanco o en morado, con manchas en las puntas de las hojas, y también completamente moradas casi violetas. Frente a este destacado follaje sus flores pequeñas pasan desapercibidas. Son plantas muy resistentes, soportan el frío pero no las heladas que queman sus hojas. La mayoría prefiere lugares con sombra parcial. Fáciles de reproducir, sus tallos rastreros enraízan muy bien. Pueden volverse invasoras, pero no da trabajo erradicarlas, se arrancan de raíz sin esfuerzo. Las tradescantias más vistosas se suelen usar como planta de interior en macetas colgantes, y en el jardín sirven como tapizantes.

 

Lacito de amor
Chlorophytum comosum

Herbácea perenne muy fácil de reconocer, se destaca por la belleza de sus hojas verdes con bandas blancas, acintadas y péndulas que nacen de una roseta basal. De esta salen también brotes (hijos) que se mantienen enlazados un tiempo a la planta madre —de ahí su nombre— y en contacto con la tierra dan lugar a nuevas plantas. Sus flores blancas y pequeñas crecen sobre largos pedúnculos; no son de gran destaque pero en el conjunto aportan interés. Requiere pocos cuidados, el riego debe ser moderado cuidando de no encharcarla. Sus raíces son capaces de almacenar agua y aguantar sequías, aunque la falta de riego la afea. En el interior de las casas se adapta a casi todos los lugares, incluso a los que tienen poca luz. En el exterior prefiere la luz indirecta o semisombra, pues en contacto directo con el sol sus hojas se vuelven amarillas y se queman. Se reproduce fácilmente en primavera o verano dividiendo las matas o separando a los hijos. Está tan bien adaptada a nuestro medio que si la usamos como tapizante podemos cortarla con máquina cortacésped una o dos veces al año.

Planta del dólar
Plectranthus nummularius

Herbácea perenne, es una planta bonita y fácil de cultivar. Su popularidad no ha decaído con el tiempo, tal vez por la creencia popular de que tenerla en casa trae fortuna. Su follaje es denso, colgante, con hojas coriáceas ovaladas de borde dentado, verde oscuro brillante. Sus pequeñas y delicadas flores blancas surgen por encima del follaje pero no son su mayor interés. Necesita un suelo con bastante material orgánico, húmedo pero no encharcado (el exceso de riego las hace ponerse negras). Prefiere la semisombra. Soporta las temperaturas bajas pero no las heladas o el frío extremo. Los tallos rastreros enraízan espontáneamente, lo que hace muy fácil su reproducción tomando esquejes de esos tallos.

 

Margarita
Leucanthemum vulgare, sin. Chrysanthemum leucanthemum

Las clásicas margaritas son plantas herbáceas, de flores grandes. Muy comunes en los jardines de antaño, fueron cayendo en desuso desplazadas por crisantemos y otras asteráceas de flores más chicas. El follaje verde oscuro es bajo, en forma de roseta. Las flores, únicas en los extremos de los largos tallos de hasta 1 m de altura, sobresalen de la mata; tienen un botón amarillo central, rodeado por falsos pétalos blancos (lígulas). La floración comienza a principios de la primavera y permanece hasta finales del verano. Para florecer, la planta necesita haber pasado un invierno frío (soporta muy bien las bajas temperaturas) y espera hasta que los días sean largos. En cambio no es muy exigente respecto al sustrato y al riego, y resiste bastante bien el ataque de plagas. Se multiplica fácilmente por división de mata y forman grupos que viven muchos años.

Flor de azúcar
Begonia semperflorens

Herbácea que se cultiva como anual, pero protegida dura varios años. Alcanza rápidamente su altura máxima (unos 20-25 cm). Las hojas son verdes o rojizas. Las flores —blancas, rosadas o rojas— son pequeñas; el atractivo de la floración está en la profusión de flores y el contraste con el follaje oscuro. Plantada en grupo, es ideal para crear zonas de color en el jardín. Aparentemente delicada, requiere unos pocos cuidados básicos para desarrollarse bien. En invierno, mantenerla al sol y abrigada del frío; en verano, si bien soporta el sol pleno, se desarrolla mejor en semisombra y vive más tiempo. Necesita sustrato húmedo pero no encharcado; no soporta el riego excesivo. Con estos cuidados puede llegar a florecer todo el año. Se reproduce por esquejes, si bien lo más común es adquirir las plantitas en los viveros.

 

Cartucho o cala
Zanthedeschia

Las conocíamos como cartuchos y las
veíamos en las zonas húmedas y de sombra de nuestros jardines. Se volvieron tan comunes que los jardineros se cansaron de ellas y fueron quedando relegadas, hasta que, hace algunos años, volvieron a ocupar su lugar pero ahora con otro nombre: calas. Sus flores, muy elegantes, se destacan tanto en la planta como en floreros; desde siempre —aun sin estar de moda— se la buscó para hacer arreglos gracias a su belleza y larga duración como flor de corte.
La variedad más común, que crece en cañadas y cualquier lugar húmedo, es la de flores blancas, que aparecen desde fines de invierno hasta casi llegado el verano. Las nuevas variedades que se ven en Uruguay desde hace pocos años empiezan a florecer a mitad de la primavera, tienen flores de colores y, en algunos casos, follajes diferentes.
Todas ellas son anuales, nacen de rizomas y, si se adaptan, pueden llegar a ser invasoras pero no de forma descontrolada. Las comunes necesitan agua, media sombra, y crecen en invierno (les gusta el frío pero no las heladas). Las nuevas necesitan sol, menos agua, no crecen en zonas anegadas, les gusta el calor y no son tan fáciles de cultivar como los cartuchos de siempre; suele decirse que son de floración perezosa, y por eso no es tan frecuente verlos en los jardines.

Planta de la cucaracha
Acanthus mollis

Herbácea de follaje semipersistente, de hojas grandes que llegan a medir 60 cm. La mata, de porte bajo, no supera el metro y medio. Sus hojas de color verde oscuro brillante son de forma irregular, con lóbulos dentados, y están sujetas por largos pecíolos que salen de la base de la planta. Crece en lugares húmedos y con sombra parcial; el sol directo puede llegar a quemar sus hojas. En nuestros jardines las vemos en el verano debajo de árboles o contra muros que dan al sur; en invierno su parte aérea puede desaparecer completamente. Se destaca la floración, formada por una larga vara con inflorescencias que sobresalen por encima del follaje. Las florcitas parecen estar protegidas por unos caparazones color violáceo con bordes con espinitas cuyo aspecto semejante a una cucaracha es el motivo de su nombre común.
Es una planta bastante resistente y se da bien en nuestros jardines si respetamos sus preferencias. No se ha vuelto invasora aunque su reproducción es fácil y puede crecer espontáneamente de semilla; es consumida por los caracoles y las babosas, que deterioran mucho su aspecto.

 

Achira
Canna indica

Compañeras de las calas en los viejos jardines, cuando estas terminan de florecer, empiezan las achiras a cobrar protagonismo. Son imponentes plantas herbáceas con muy buena presencia, se desarrollan muy rápido alcanzando los 2 m de altura en una sola temporada. Si no están protegidas del frío, con las heladas desaparecen, planteándonos el desafío de llenar el hueco que dejan en invierno. Son plantas rizomatosas, les gustan los suelos húmedos y prefieren la media sombra; en nuestro clima se pueden volver invasoras, las podemos ver crecer espontáneamente en baldíos incluso a pleno sol. En el jardín tendremos que controlar su multiplicación para mantenerlas en el lugar asignado. Sus grandes hojas con forma de lanza son verdes, moradas o variegadas con líneas en tonos verde, bronce, amarillo claro y rosa fucsia. Sus flores, muy vistosas, de tonos cálidos —amarillo, salmón, naranja, rojo— van muy bien en jardines de verano. Año a año aparecen nuevos híbridos. El de la foto  de follaje más vistoso: Canna x generalis “Phasion”, desarrollado en Sudáfrica; llegó hace pocos años a Uruguay y ya está completamente aclimatado.

 

Serruchito o helecho serrucho
Nephrolepis exaltata

Helecho de frondas largas, lanceoladas, que se arquean elegantemente. Se lo suele ver en los jardines creciendo entre otras plantas, en cualquier lugarcito que tenga un poco de tierra y hasta en los troncos de las palmeras. Prefiere lugares con media sombra y húmedos; en situaciones menos favorables sobrevive perdiendo las hojas y dejando sus largos tallos marrones desnudos.
Si no se la mantiene en buenas condiciones, tiende a quedar desprolija. Se reproduce muy fácilmente por división de mata a fines de verano o a principios de otoño. Es fácil de cultivar tanto en exterior como en interior, pero requiere ciertos cuidados para mantenerla linda: regarla regularmente, sacarle las frondas secas y dividir la mata cuando crece demasiado.

 

1 6 7 8 9 10 23