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La delicada fragancia de sus flores en forma de estrella evoca el verano, las noches sensuales, la alegría y la frescura. Son los reyes de los patios y no hay jardín que se precie de tal que pueda prescindir de ellos. Los jazmines —arbustos y trepadoras de gran valor decorativo— son utilizados sobre muros y rejas a los que, cubriéndolos de flores, dan un toque alegre y luminoso e impregnan el ambiente con su dulce perfume.

 

De origen asiático (Persia e India), pertenecen a la familia de las oleáceas, la misma que los olivos. Aunque introducidos con anterioridad en España por los moros, comienzan a difundirse en Europa en el siglo XV, llevados por Vasco da Gama a Portugal y por los turcos otomanos a Italia. Apreciados tanto por el perfume de sus flores como por sus cualidades terapéuticas, se los cultivaba en los huertos de hierbas medicinales precursores de los jardines. En la actualidad se cultivan por su valor ornamental y también con fines industriales: el aceite esencial que se extrae de sus flores —especialmente del Jasminum samac y del Jasminum officinale— es utilizado en la fabricación de perfumes. Las flores se recogen una a una por la noche, cuando son más aromáticas, y liberan el aceite durante varios días después de la cosecha. Las flores también dan aroma al conocido té de jazmín, creado en China sobre una base de té verde o té blanco. Son plantas muy resistentes que requieren poco cuidado, prosperan a pleno sol y soportan las heladas. Por el tamaño que alcanzan pueden llegar a sorprender a quien los cultivó.

 

Flores blancas y perfumadas en verano

Jazmín del país, jazmín de verano
Jasminum officinale
Planta trepadora vigorosa, de follaje verde oscuro persistente o semipersistente. Se la guía para que ascienda por paredes o por encima de otras estructuras y puede alcanzar 12 m de alto en 5 a 10 años, desplegándose lateralmente por lo menos 1 m. Para mantenerla acotada podemos podarla en cualquier época, pero si necesita una poda severa, el momento para realizarla es a comienzos de la primavera.
Su rusticidad la hace ideal para jardines de bajo mantenimiento. Para que despliegue todo su potencial debemos ubicarla en lugares soleados y donde el suelo no se encharque. Agradece que se le aporten nutrientes (como compost) y que se la riegue cuando hace mucho calor en verano.

 

Con floración breve pero espectacular

Jazmín de Hungría, jazmín de invierno
Jasminum polyanthum
Esta trepadora de follaje semipersistente fue introducida en los jardines más tarde que el jazmín del país; su crecimiento es menos vigoroso y necesita más cuidados. Al final del invierno comienza a llenarse de capullos rosados que dan lugar a aromáticas flores blancas reunidas en tupidos ramilletes. La floración es de corta duración —no llega al mes— pero lo compensa su abundancia y su belleza.
El jazmín de Hungría es ideal para jardines pequeños; a los 5 años de plantado habrá alcanzado su máximo porte: unos 4 m de alto y hasta 2 m de ancho. Es posible disfrutarlo también en maceteros, pero no como planta de interior, ya que necesita bajas temperaturas para florecer.
Deberá ubicarse en lugares muy soleados, pero evitando el sol del mediodía en verano. Lo ideal es plantarlo en un sitio protegido del viento y donde podamos disfrutar su delicado perfume. El sustrato debe ser ligero con abundante humus y requiere riego durante la floración y el verano. Para que florezca abundantemente año tras año conviene podarlo en primavera, aprovechando para guiar sus ramas sobre la estructura que lo sostiene.

Cómo reconocerlos
Jasminum officinale
Hojas. Opuestas, compuestas, con 5 a 9 folíolos de forma elíptica dispuestos de a pares y uno en la punta.
Flores. Corola blanca, por lo general con 5 lóbulos.

Jasminum polyanthum
Hojas. Opuestas, compuestas, con 5 a 7 folíolos con forma de lanza, dispuestos de a pares y uno en la punta.
Flores. Corola blanca con base rosada, generalmente con 5 lóbulos.

Rústicos de flor amarilla

 

Jazmín amarillo, jazmín de primavera
Jasminum mesnyi
Arbusto apoyante de porte un poco desordenado, con follaje persistente y ramas arqueadas. Elegido por su rusticidad para jardines de bajo mantenimiento y en espacios públicos, se destaca desde finales del invierno por su abundante y duradera floración amarilla. Se puede usar para cubrir muros pero es más común verlo adornando rejas o formando cercos libres. De crecimiento vigoroso pero no muy rápido, a los 10 años de plantado llega a medir 2,5 m de alto y casi 2 m de ancho.
Es muy rústico, soporta el pleno sol y que no le presten atención, pero necesita que el suelo sea fértil y profundo. Agradece riego moderado en verano y si lo abonamos con frecuencia nos aseguramos una mayor y mejor floración.
La poda se realiza después de la floración en primavera.Se reproduce sin dificultad por estacas de madera semidura con hojas, tomadas a fines del verano, aunque el método más común es tomar los hijuelos que se forman naturalmente por acodos.

Jazmín amarillo, jazmín de invierno
Jasminum nudiflorum
Es otro jazmín de flor amarilla que se cultiva en nuestros jardines, de floración más temprana que el Jasminum mesnyi. La flor es de color amarillo vivo, de aroma poco intenso y aparece sobre las ramas sin hojas a finales del invierno. Otro rasgo que lo diferencia de J. mesnyi son sus tallos de sección cuadrangular. Luce bien creciendo en conjunto con otros arbustos que complementen la floración en otra estación.

Cómo reconocerlos
Jasminum mesnyi
Hojas. Persistentes, opuestas, compuestas, con 3 folíolos con forma de lanza.
Flores. Corola amarilla, con 5 a 11 lóbulos.

Jasminum nudiflorum
Hojas. Caducas, opuestas, compuestas, con 3 folíolos oval-oblongos.
Flores. Corola amarilla, con 5 a 11 lóbulos.

 

Casi jazmines…

Jazmín de leche, jazmín estrella
Trachelospermum jasminoides
Fam. Apocinaceae
Popular trepadora de nuestros jardines, crece, florece y huele como jazmín pero no pertenece a la misma familia.
De follaje persistente, muy tupido, las hojas son de color verde oscuro, algo coriáceas, lustrosas en el haz y más claras en el envés; en otoño toman un color rojizo.
Necesita algún soporte para que se enrosquen sus fuertes, largos y delgados tallos, y así trepará fácilmente alcanzando los 6 m de altura. Puede usarse también como tapizante o para formar cercos bajos; cuidando de que no encuentre un soporte para trepar y controlando su crecimiento, formará un denso tapiz algo alto. De profusa floración, desde mediados de primavera hasta el verano se cubre totalmente de pequeñas y fragantes flores blancas con forma de estrella.
De crecimiento lento al principio, puede demorar un poco en “prender”, pero luego se desarrollará bien y cubrirá estructuras rápidamente. Para mantener la forma se puede podar durante todo el año, cortando las ramas que se salen de su forma y tratando de airear el interior de la planta. Cuando se corta segrega un líquido blanco, lechoso, que tal vez sea el origen de su nombre común, “jazmín de leche”.

 

Jazmín del Uruguay, palo cruz
Guettarda uruguensis
Fam. Rubiaceae
Arbusto que puede alcanzar de 3 a 5 m de altura, de follaje persistente o semipersistente, flores blanco rosáceas, muy fragantes, pequeñas. Florece desde octubre hasta el verano. No es frecuente verlo en jardines. Se lo puede encontrar al borde de los arroyos en el monte galería, pues le gusta el agua. Se reproduce fácilmente por semillas.

Paso Centurión. Departamento de Cerro Largo

Helechos en el Uruguay: un ejemplo de biodiversidad

En nuestro país se conocen más de 100 especies de helechos; considerando el número total de especies de plantas nativas, se puede decir que son plantas bastante abundantes. Solo dos helechos son introducidos y se han asilvestrado, término aplicado a las plantas silvestres que proceden de plantas cultivadas.

Helechos en el jardín naturalista de la chacra °La Pasionaria° de Amalia Robredo

Los helechos son un grupo de organismos fotosintéticos muy antiguos. Presentan características que son propias de plantas primitivas, tales como dispersarse mediante esporas y tener alternancia de generaciones independientes (reproducción alternando un ciclo asexuado y otro sexuado). Pero también presentan rasgos de vegetales evolucionados, como el tener raíz, tallo
y hojas, aunque carecen de madera.
Las raíces son adventicias: se originan a partir de los tallos a medida que estos crecen y no hay una raíz principal.
El tallo es generalmente rizomatoso, postrado, con una cubierta de pelos y escamas de color castaño oscuro, llamada ramento.
Las hojas de los helechos se denominan frondas, y cumplen dos funciones: realizar la fotosíntesis y producir esporas. Estas son generadas por órganos que se encuentran en el interior de unas estructuras llamadas soros. En los helechos más evolucionados los soros se presentan agrupados formando cúmulos oscuros en el envés de las hojas; en los helechos más primitivos los soros aparecen en hojas especiales.

Hay helechos con hojas de formas muy diversas: simples (con una sola lámina) como el Asplenium, pinnadas (con folíolos a los lados de un raquis), como el helecho serrucho (Nephrolepis), y también muy divididas (bipinnadas, tripinnadas, etc). Pero todos ellos presentan la denominada“prefoliación circinada”, ese enrollamiento característico de las hojas jóvenes, que se van desplegando a medida que se van formando.

Detalle de tallo y frondas jóvenes

Helechos nativos en un patio, Solymar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los helechos son cosmopolitas. Por existir desde tiempos muy antiguos en nuestro planeta, han desarrollado adaptaciones a todo tipo de condiciones ambientales y se calcula que hay alrededor de doce mil especies distribuidas en todo el mundo.
En Uruguay los encontramos en muy diversos ambientes. Los hay adaptados a lugares húmedos y sombríos, como el culandrillo (Adiantum sp.), que vive en el sotobosque de los montes o incluso en brocales de pozos. Otros prefieren condiciones intermedias dentro del monte o más secas, cercanas al borde, como la doradilla (Anemia spp.), un helecho muy buscado por sus propiedades medicinales
En nuestros montes también encontramos helechos epífitos (que crecen sobre troncos de árboles usándolos únicamente como soporte). Un ejemplo, entre muchos otros, es la suelda-consuelda (Microgramma spp.) a la que se le atribuyen también propiedades medicinales.
En zonas de serranías todavía es común la calaguala (Rumohra adiantiforme), un helecho intensamente depredado por los calagualeros, que colectan sus frondas para ser usadas en florerías.
Adiantopsis chlorophylla se encuentra en la pradera protegido por pastos altos y ha prosperado en plantaciones forestales, donde encuentra un ambiente muy favorable.
Debemos mencionar los helechos arborescentes o “de tronco”, como Dicksonia sellowiana que alcanza un gran porte o Blechnum sp. que es más bajo; ambos son cada día más escasos debido a la depredación.
En la orilla de cauces de agua de poca profundidad crecen helechos acuáticos: Regnellidium diphyllum con dos folíolos, y Marsilea ancylopoda con hojas de cuatro folíolos (a veces se lo confunde con un trébol de cuatro hojas). Otros helechos acuáticos, como Azolla spp. y Salvinia spp., viven flotando libremente en el agua de tajamares o charcos sin corriente.

Mario Piaggio

Nota del autor. La categorización científica de grupo está en constante revisión, con numerosos cambios de nombres y ubicación sistemática. Por eso nos hemos limitado a los ejemplos más conocidos, pero está en nuestros planes seguir publicando fichas de helechos una vez se aclare
su posición taxonómica.

 

Profusión de helechos en el porche y el jardín de Luisa R. Mosciaro, entusiasta cultivadora de helechos y orquídeas, Solymar.

Helechos nativos en el jardín

 

Osmunda regalis

Crece en abundancia en la orilla de los riachuelos y otros sitios húmedos.
También llamado “helecho real” o “helecho florido” por el aspecto característico de las amplias panículas rojizas de sus frondas fértiles, cuyos segmentos superiores, reducidos a nervios, están cubiertos de soros y contrastan con los segmentos estériles, anchos, oblongos y verdes.
Se la encuentra a los lados de la ruta Interbalnearia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Detalle del tronco de Dicksonia sellowiana

Dicksonia sellowiana

Helecho arborescente que presenta un tronco leñoso y delgado, no ramificado, en cuyo extremo se despliega una roseta de magníficas frondas de gran tamaño. Por su belleza, el más usado como ornamental de su género es Dicksonia antarctica, pero el nativo de Uruguay es Dicksonia sellowiana. Se lo encuentra en zonas de quebradas en el norte y noreste del país en condiciones de semisombra. Puede superar los 3 m de altura, y sus frondas los 2 m de largo. Se destacan los ejemplares de la Gruta de los Helechos, Tacuarembó.
Es conocido también como “helecho de tronco” o “xaxim”; con secciones transversales de sus tallos junto con las raíces que los rodean se hacen macetas que se emplean frecuentemente para cultivar plantas epífitas, sobre todo orquídeas. Como este helecho no se produce comercialmente con estos fines, sino que se extrae de la naturaleza, cada una de las macetas u objetos de xaxim significa un helecho menos.
Debido al riesgo de su extinción, en el jardín se debe utilizar racionalmente y sus plantones deben siempre venir de plantas cultivadas y no de las extraídas del ambiente natural. Debemos ubicarlo siempre a la sombra o media sombra. Le gustan los terrenos bajos con suelo siempre húmedo. Es resistente al frío y presenta crecimiento muy lento. Además de su belleza singular, sirve de soporte y sustrato para muy variadas plantas epífitas, como orquídeas, bromelias y otros helechos.

Al abrigo en el porche, un joven ejemplar de Dicksonia sellowiana acompañado del culandrillo (Adiantum sp.)

 

Blechnum tabulare

Este helecho arborescente, que no alcanza una gran talla como el Dicksonia sellowiana, posee un pequeño tronco leñoso, muy grueso —puede llegar a medir 20 cm de diámetro o más—, de cuyo extremo nacen las frondas estériles y fértiles, pinnadas. Se diferencia de las demás especies del género Blechnum en que las bases de las pinnas son asimétricas.
Se distribuye ampliamente por África al sur del Sáhara y Sudamérica, así como en algunas islas del Índico.
En Uruguay vive en lugares pantanosos, generalmente oculto entre pajonales. Se encuentra naturalmente en las márgenes del arroyo Pando en Canelones; cuando empieza la temporada veraniega se lo suele ver a la venta a lo largo de la ruta Interbalnearia ofrecido como “palmerita de El Pinar”. La mayoría de las veces estos ejemplares van a una muerte segura: la persona que los arrancó no los trata debidamente y los compradores a menudo no se dan cuenta de que lo que adquirierones un helecho.

Blechnum tabulare luciéndose sobre el césped entre begonias crespas y arce japónico. Reciben sol directo. Los cuidados incluyen riego diario y buen sustrato. Resisten las bajas temperaturas.

El nativo chileno Blechnum magellanicum es de mayor tamaño que B. tabulare. En Chile se lo encuentra incluso en regiones muy australes, como el estrecho de Magallanes. En el porche de la casa de Luisa luce entre orquídeas Cymbidium

 

 

 

Camino de grava a través del monte nativo en la chacra marítima “La Pasionaria”, Maldonado

Los caminos son los elementos más dinámicos de las construcciones de un jardín. Aunque los incluyamos en el diseño desde el principio, lo más probable es que con el tiempo decidamos incorporar algún otro, más directo o más cómodo. Su trazado lo va a decidir la lógica antes que la estética: si forzamos un recorrido, lo más seguro es que no se use, por eso los trillos naturales son siempre las mejores.
Un camino, además de permitirnos transitar por el jardín sin estropear el césped y sin ensuciarnos el calzado, marca líneas que nos ayudan a ordenar los espacios. Si utilizamos materiales que son coherentes con el entorno, refuerzan el diseño.
En jardines formales usaremos materiales clásicos, como losas de formas regulares siempre ubicadas en forma ordenada, siguiendo rectas o curvas definidas. En jardines de estilo antiguo usaremos materiales que no desentonen y que ganen con el paso del tiempo, como piedras o ladrillos.
Los caminos con suaves curvas o líneas orgánicas son ideales para jardines informales. Ahí podemos mezclar materiales, priorizando siempre los naturales de la zona, como piedras, maderas o ladrillos. Los diseños minimalistas o los más modernos piden líneas simples y colores definidos: piedra triturada ­—el pedregullo gris o blanco—, decks de madera, losas de hormigón; usando estos materiales solos o combinados se puede lograr hacer de un camino un foco de atención.

 

En medio de la ciudad, un jardín interior de diseño formal. Las losas rectangulares de diferente largo repiten el diseño de las paredes y logran darle ritmo al camino angosto que ordena y da forma a este pequeño jardín. El ambiente se logra con plantas de formas definidas: boj recortado, ciprés piramidal, Duranta aurea, Ficus benjamina variegado y grupos de alegrías de la casa de flor roja; para el césped
se eligió el Axonopus (grama brasilera) por su textura gruesa y color verde brillante.

En medio de la ciudad, un jardín interior de diseño formal. Las losas rectangulares de diferente largo repiten el diseño de las paredes y logran darle ritmo al camino angosto que ordena y da forma a este pequeño jardín. El ambiente se logra con plantas de formas definidas: boj recortado, ciprés piramidal, Duranta aurea, Ficus benjamina variegado y grupos de alegrías de la casa de flor roja; para el césped
se eligió el Axonopus (grama brasilera) por su textura gruesa y color verde brillante.

Arriba: Camino de grava y madera entre los cerros de Piriápolis simulando una vía de tren. El pedregullo que se empleó es de la zona, de color similar a las piedras ya existentes en el lugar. Los travesaños de madera hacen más cómodo el paseo y los laterales retienen las piedritas en su sitio. Transitar por un camino flanqueado por plantas hace el paseo más atractivo. Aquí se plantaron coníferas rastreras y pittosporos enanos que, aunque lentamente, van creciendo.

Camino de grava de acceso a la chacra marítima ”La Pasionaria”, inspirado en la naturaleza. Sus suaves curvas parecen haber estado ahí siempre. Para reafirmar su carácter natural se enmarca en masas de flora nativa: colas de zorro, Eryngium, chircas forman una sucesión de panojas, tallos y flores que hacen del transitar por este camino una agradable bienvenida.

  Para que sirven: 

  • Conectan lugares
  • Recorren el jardín
  • Guían nuestros pasos
  • Ayudan al desplazamiento
  • Dan forma y ritmo al diseño
  • Limitan áreas por donde caminar
  • Ayudan al mantenimiento del jardín

 

¿Anchos o angostos, curvos o rectos?

Para ir de la casa al parrillero o al galpón,
la entrada del garaje para que no se estropee el césped,
para acceder a un cantero cómodamente,
pasear por el jardín o llegar a algún rincón que quedó relegado, el camino facilitará el uso y fomentará el disfrute del jardín en toda ocasión.
Pasado el verano, antes de que las lluvias sean más abundantes, es el momento ideal para construir los caminos que necesitamos en el jardín.
Su forma y ubicación dependerá del uso que les querramos dar, pero no por eso debemos renunciar a un diseño atractivo en sí mismo y que incremente el interés del jardín.

El ancho. Un camino cómodo permitirá a dos personas pasear del brazo, o llevar una carretilla; un ancho menor a 1 m no lo permitirá. Los caminos de piedras o losas colocadas sobre el césped suelen ser angostos; no son caminos de paseo o trabajo, sirven para preservar el césped del pisoteo cuando esta húmedo. Si queremos transitar con un auto el camino deberá tener por lo menos 3 metros de ancho.

La importancia de la huella. El largo del paso de un hombre adulto es de aproximadamente 55 cm; el de los niños y las personas mayores es más corto. Si el camino no es una superficie continua y la separación entre los elementos que lo forman fuerza el paso alargándolo o acortándolo, transitarlo resultará incómodo y hasta peligroso.

La forma. Los caminos rectos  nos llevan rápidamente al destino, nos hacen apurar el paso. Esto se refuerza también con la mirada que no se detendrá sino en el final. En cambio, los caminos con cierta curvatura  se transitan con más calma, más amablemente, nuestra mirada no buscará el destino sino que se entretendrá en el entorno. Sin embargo, si las curvas son muy pronunciadas  el efecto es contraproducente, nos termina fastidiando y tomaremos un atajo.
Una alternativa para caminos rectos es desfasar los bordes respecto al eje , combinando el trayecto más corto de la línea recta con el ritmo y la sensación de un camino curvo.

 

Materiales

Pedregullo. La grava o pedregullo y la piedra partida son piedras de tamaño chico ideales para usar en caminos rústicos. El tamaño de las piedras es bastante irregular, generalmente va de 0,5 a 6 cm.
El color y la forma de las piedras varía según de dónde y cómo se extraiga; las de canteras en la zona de Montevideo y Canelones son usualmente de color rojizo, en cambio en Maldonado tienen color amarronado y son más redondeadas. La piedra gris, conocida como piedra partida, es de granito; un tipo similar, de color blanco, se extrae de canteras de mármol. Lo que encontramos a la venta depende bastante de las canteras que se encuentren en las cercanías del comercio, ya que en el precio impacta el costo del flete.
Construir un camino de grava es económico, pero no consiste en poner simplemente las piedras sobre la tierra. Para que el camino quede firme, no se hunda, no se llene inmediatamente de yuyos y permita filtrar el agua correctamente, tenemos que hacerle una base adecuada. Como base se usa frecuentemente el balasto o tosca, que es una mezcla de arena, piedra y arcilla o limo. Este material tiene una buena cantidad de humedad, y al secarse forma un suelo compacto y bastante duro.

Pasos para construir un camino sencillo de pedregullo
Material
Para tener una idea: un camino de 1 m de ancho por 10 m de largo lleva 1,5 m3 de relleno de tosca y 0,5 m3 de piedra partida o pedregullo.
Definir el ancho y la forma
Marcar por donde va a ir con palitos de madera clavados en el suelo, dibujando una línea con arena o tiza (como quien marca una cancha de fútbol) o mediante una cuerda o manguera apoyada directamente en el suelo.
Hacer la base
El método tradicional consiste en cavar unos 10 a 15 cm y rellenar con tosca o escombros. Asentarlo con un pisón (neumático o manual) o regando abundantemente.
Otro método ideal para pequeños jardines, o para lugares donde sea engorroso acarrear materiales, es usar una malla de geotextil (tela que permite el drenaje y estabiliza el suelo). Antes de extenderla, quitar todos los yuyos o aplicar un herbicida, y asegurarse de que no quede ninguno.
Terminación
Es importante hacerle bordes al camino, para evitar que pierda su forma. Se puede usar madera, piedra, ladrillos de canto o incluso un cordón de hormigón. Una vez hecha la base y colocado el borde podemos poner la piedra elegida.

 

 

 

 

 

 

 

 

Madera

La madera es un buena opción para hacer caminos, pasarelas o cubrir un área mayor. Es un material natural fácil de combinar en el jardín, pero con el tiempo se vuelve gris o se oscurece por el uso de protectores.
Una pasarela de madera (deck) está formada por una estructura de pilares —generalmente también de madera— que va anclada al suelo, y un entramado de vigas y viguetas sobre las que se clavan o atornillan las tablas del piso.
Cuanto más dura sea la madera empleada, mejor; si usamos madera blanda —como el pino— tenemos que asegurarnos de que esté tratada y bien seca; igualmente hay que aplicarle protector por lo menos cada dos años. De esta manera su vida útil será más prolongada y mantendrá su forma.
Actualmente se encuentran en el mercado placas de madera similares a baldosas, con una base plástica o de madera, que pueden colocarse directamente sobre el césped. Es una solución rápida de fácil colocación pero el precio por unidad es elevado y la duración no tan prolongada como una construcción tradicional.


Losas de cemento 

Las losas de hormigón, económicas y fabricadas en Uruguay, son otra opción. Las blancas lisas quedan muy lindas sobre el césped o sobre pedregullo. También existen losas oscuras que imitan piedras o, más pequeñas, que semejan adoquines. Las más gruesas pueden ser puestas directamente sobre el césped y permiten construir caminos muy rápidamente, pero hay que cuidar que queden bien asentadas y niveladas. Las losas finas necesitan que se prepare un contrapiso donde asentarlas: se puede hacer poniendo una capa de 10 cm de piedra picada o grava y agregando una capa de 5 cm de arena sobre la cual se colocan las losetas. No se necesita unirlas con cemento.

Módulos de plástico para armar fácilmente un camino colocándolos directamente sobre la tierra. Son ideales para entradas de garage, pues soportan el peso de un auto. El césped crece a través de los orificios sin que el auto lo aplaste. También se pueden rellenar con piedritas de colores.

Ladrillos, muy usados en casas de campo, se pueden colocar directamente sobre arena apisonada y rellenar las juntas también con arena. De esta forma el suelo queda permeable. También se lo coloca sobre un contrapiso de cemento, tratando las piezas como si fueran baldosas.

Equipo preparado para podar rosales.
Guantes, tijera de podar, afilador de tijera.

Tijera pico de loro, sierra, cama de caballo madura, pulverizador con fungicida, triple 15, pala, rastrillito.

 

 

 

 

 

 

 

 

• Antes de podar:  asegurarse de tener la vacuna antitetánica, estaremos manipulando tijeras entre espinas y podemos lastimarnos.
• Evitar usar ropa de lana o ropa que se enganche.
• Usar guantes especiales para rosas que no dejen pasar las espinas.
• Tener herramientas de buena calidad y en perfecto estado.

Conocer qué rosas tenemos para saber cómo y cuándo debemos podarlas. Cada tipo de rosa tiene su forma de poda.Hay rosales que no necesitan ser podados: por ejemplo, la “casi uruguaya” ‘Albéric Barbier’ de flor blanca que podemos ver formando cercos impenetrables en zonas rurales. Otros, como la rosa banksia (un rosal trepador sin espinas, de flor pequeña blanca o amarilla), como son de floración temprana, no se podan hasta terminada la floración.

 

1. Con todo preparado, antes de comenzar a podar, mirar bien el ejemplar e identificar cuáles son las ramas a cortar según la forma que le vamos a dar.

2. Cortar tallos secos, dañados, débiles, entrecruzados y eliminar chupones. Si al hacer el corte se observa que la rama no está sana, se sigue cortando hasta llegar a la parte sana.

3. El corte debe ser limpio, sin desgarros, efectuado a 5 mm de una yema que mire hacia afuera, con inclinación contraria a esta para que el agua escurra.

 

 

4. El rosal debe quedar sin hojas. Los restos de la poda deben ser eliminados para evitar todo riesgo de contagio. Limpiar bien la tierra alrededor del tronco usando el rastrillo

 

5. Cubrir los cortes gruesos y las heridas con una pasta hecha con cascola y polvo de caldo bordelés. Aplicar triple 15. Agregar cama de caballo y fumigar toda la planta y la tierra con caldo bordelés. Luego seguir fumigando una vez a la semana hasta que aparezcan las primeras hojas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Es la flor que más se cultiva y la que cuenta con más entusiastas en todo el mundo. Presente o nombrada en casi toda expresión artística desde las civilizaciones más antiguas, no sabemos con certeza desde cuándo existe, pero nadie ignora la admiración que despiertan su belleza y su perfume. Aunque originaria del hemisferio norte (principalmente de China y Europa), hoy se encuentra en jardines de todo del planeta.

Las rosas antiguas eran bastante diferentes a la imagen que hoy asociamos típicamente con la rosa. Tenían menos pétalos, más espinas y más perfume; las europeas eran solo de color blanco, rosado o rojo, pues carecían del pigmento amarillo que, en cambio, sí tenían las de China. Fue recién después de los viajes de Marco Polo, cuando se establecen rutas de comercio entre Oriente y Occidente, que se introduce en Europa la rosa amarilla. Algunos historiadores opinan que el nombre “híbrida de té” viene de que las rosas llegaban entre los cargamentos de té chino y estaban impregnadas de ese aroma.
La historia de la rosa cambia a partir de que Jean-Baptiste Guillot registra, en 1867, su primer cultivar, al que nombra ‘La France’. Esa fecha marca el nacimiento de la categoría “rosas modernas” que abarca a todas las híbridas creadas desde entonces, quedando todas las anteriores comprendidas en la categoría de “antiguas”.
Año a año los obtentores de nuevas rosas se esfuerzan por ofrecer variedades más bellas, más exóticas, más perfumadas o simplemente diferentes. A partir de las primeras 100 especies conocidas se han obtenido al día de hoy más de 30.000 cultivares, pero nadie ha logrado crear, todavía, una verdadera rosa azul.

Los rosales son muy agradecidos, con un mínimo de cuidados florecerán. La época en que más se lucen es en octubre y noviembre.
Los rosales llamados reflorecientes vuelven a tener una floración en otoño, pero no nos sorprendamos de que también nos ofrezcan alguna rosa en pleno invierno.
Hoy existe tal variedad de cultivares, que siempre podremos encontrar el que irá bien en nuestro jardín.

Tengamos presente sus tres demandas básicas:
Sol. Los rosales necesitan entre 6 y 7 horas diarias de sol directo. Algunos nuevos cultivares logran florecer aunque reciban menos sol, pero nunca por debajo de 4 horas diarias.
Nutrientes. La producción de su espectacular floración demanda a los rosales un gran esfuerzo, y por eso necesitan buen sustrato y aporte periódico de nutrientes.

Pimpollos con oidio

Cuidados sanitarios. Para mantener la sanidad de nuestros rosales, debemos eliminar las partes enfermas, podar de forma que pueda circular el aire y aplicar fungicidas preventivamente.
Los hongos son los grandes enemigos de las rosas. El oídio y la mancha negra son las enfermedades más comunes y, en menor grado, la botritis o moho gris.

 

 

 

Los vitivinicultores plantan rosales como planta testigo en la cabecera de cada línea de vid, porque saben que son las primeras plantas que se infectan: si encuentran oídio en ellos se apresuran a fumigar las vides para prevenir el contagio.


Escaramujos

Son los frutos de los rosales, muy parecidos a manzanitas y hasta tienen un sabor similar. Es una práctica habitual eliminar las flores una vez que se marchitan, para que la planta no gaste energía en producir frutos que no vamos a aprovechar, y la utilice para florecer nuevamente. Pero los escaramujos tienen también valor decorativo; con sus diferentes formas y tonos de rojo y naranja dan un toque de color al jardín en pleno invierno.
Otro motivo valedero para dejarlos en la planta es que son un excelente alimento para los pájaros, que nos agradecerán visitando nuestro jardín.
Tienen un alto contenido de vitamina C. En Europa, en épocas de escasez de alimentos, los escaramujos fueron usados como fuente de esa vitamina. Desde tiempos remotos se usaron y se siguen usando para hacer mermeladas y jaleas.

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