Display Comb 4

/ featured media, post meta, title, read more link and full content

Para que un jardín luzca así se necesita mucho trabajo, conocimientos y saber esperar años. La dueña del jardín, conocedora y amante de los jardines, partió de un terreno hundido. Varios años después estos son los resultados. Balneario Las Flores, Maldonado

A orillas del río Negro, el parque del Paso del Correntino es un paraíso pensado y mantenido con mucha dedicación y amor por lo natural. Su extensión permite usar grandes y variados árboles, diversidad de herbáceas y arbustos; lograrlo requiere un profundo conocimiento de la jardinería. No sorprende entonces que su meditado diseño, sumado a los cuidados expertos de la dueña, hacen que este jardín sea reconocido como uno de los mil mejores del mundo.

Es común pensar que para diseñar un jardín lo primero es tomar las medidas del terreno y dibujar un plano a escala sobre el que dispondremos los distintos componentes de nuestro proyecto. Es verdad, pero la experiencia nos dice que en ese bosquejo hay más cosas en juego.

Cuando nos enfrentamos a imaginar un futuro jardín, pocas veces empezamos realmente de cero. El jardín se presenta ante nosotros con su historia. Nosotros nos acercamos a él con expectativas, sueños y también con nuestra propia historia. ¿Tenemos afición por la jardinería? ¿Cuánto sabemos del oficio? ¿Disponemos de tiempo para dedicar al jardín? ¿Cuánto dinero podemos destinar mensualmente para su mantenimiento? Estas simples preguntas nos permiten poner en claro qué jardín estamos en condiciones de sostener en el tiempo: uno que requiera bajo, mediano o alto mantenimiento. De esto dependerá el diseño y la elección de las plantas.
Si el jardín que proyectamos va a ser de bajo mantenimiento, para asegurar que luzca bien optaremos por un diseño de líneas sencillas con poca variedad de especies, que no sea necesario renovar con frecuencia y que no necesite cuidados especiales en materia de nutrientes, poda y riego.
En el otro extremo, un jardín de alto mantenimiento podrá tener un diseño más complejo, con más componentes estructurales, plantas numerosas y variadas y, sobre todo, nos podremos dar el lujo de incluir ejemplares que requieren cuidados especiales o frecuentes.
En general partimos de un jardín ya establecido, sea el de nuestra futura casa o el de nuestra vivienda actual, que tenemos ganas de renovar. Ese jardín tiene una cierta estructura. Alberga plantas que fueron elegidas y ubicadas donde están por algún motivo, más otras que crecieron espontáneamente. Algunas de ellas conservan todo su valor, pero otras tal vez han perdido su forma y sentido. Antes de comenzar a diseñarlo, es importante que observemos los ejemplares que ya existen en el jardín para evaluar cuáles se pueden rescatar y cuáles habrá que eliminar.

Arriba: Jardín de bajo mantenimiento muy bien pensado. La disposición y forma de los canteros evoca el jardín-paisaje y da la sensación de estar paseando por el campo. La correcta elección de las especies —árboles, palmeras y herbáceas perennes— permite que este jardín se disfrute en toda estación. Para mantenerlo en forma, se dividen las hérbaceas, se acolchan los canteros, se agrega compost hecho en el lugar. En primavera se llenará de color al florecer los agapantos, los hemerocalis, los bulbines, las tulbaghias, etc. Jardín en el balneario Solís, Maldonado

Terreno donde los árboles y arbustos han crecido unos sobre otros; algunos fueron plantados en su momento con un propósito, y otros nacieron espontáneamente. El resultado es una maraña verde a la que no podemos llamar “jardín”. Hacer un jardín no significa comprar plantas, colocarlas y olvidarse; en el diseño tenemos que tener en cuenta el paso del tiempo, cómo irán creciendo las plantas y cómo vamos a hacer para mantenernos fieles a la idea original. Cuando nos enfrentamos a un jardín que empeoró con los años, vale la pena tomarse el tiempo de observar y tratar de rescatar los ejemplares interesantes que entre tanto follaje pasan desapercibidos.

El jardín no es un plano. Lo tenemos que concebir en tres dimensiones. Imaginarnos caminando por él es una buena forma de ayudarnos a plasmar en el diseño lo que anhelamos que sea nuestro jardín. Pero antes que ninguna otra tarea, tenemos que despejar el panorama.

• Sanear
Los ejemplares en mal estado sanitario —que no es posible recuperar sin que pierdan sus cualidades— hay que sacarlos de raíz para evitar cualquier rebrote, y quemar los restos para prevenir contagios futuros. Los ejemplares muy débiles —por estar mal ubicados o con carencias nutritivas— también tienen que ser eliminados de raíz (se pueden utilizar sus restos para compost). Si son recuperables, y nos interesa mantenerlos, tenemos que cambiar de lugar los que están mal ubicados (el transplante debe hacerse en invierno) y corregir las deficiencias del sustrato de los que presentan carencias.

• Descartar lo que no nos gusta
Todos tenemos nuestras preferencias y rechazos en materia de colores, texturas y hasta especies de plantas. Sin embargo, antes de eliminar sistemáticamente ejemplares que no nos gustan, démosles la oportunidad de ser parte del diseño. A su favor tendrán el estar adaptados al lugar y muchos de ellos habrán alcanzado la plenitud de su desarrollo. En el nuevo entorno podrán adquirir un interés que previamente no les habíamos encontrado.

• Deshacerse de lo que desentona
Las decisiones en este punto pueden ser difíciles de tomar cuando se trata de especies que nos gustan o ejemplares a los que les tenemos afecto. Pensemos en cederlos a alguien que las aprecie.

Una vez que tenemos claro lo que permanecerá, es el momento de proyectar: qué plantas tenemos que conseguir, y dónde las vamos a colocar.

 

En el campo el paisaje forma parte del jardín. En este jardín aprovecha la hermosa vista de las sierras sin taparlas ni dejar la pradera vacía. La forma de los canteros y las plantas usadas (ajenjo, lavandas y agapantos) reafirman la idea de horizonte ondulado y nos acercan a las sierras. Jardín en Maldonado

Jardín de bajo mantenimiento, planificado desde un principio. Se ubicaron primero los árboles, luego los arbustos y por último el resto (herbáceas, florales, etc.). La elección de especies correctas y la plantación respetando las distancias entre los ejemplares necesarias para su pleno desarrollo permiten que el jardín gane con el tiempo y no pierda su forma. Jardín en Maldonado

 

Cerco de rosas contra la calle. Jardín en el departamento de Colonia, primavera

Siempre verdes, enmarañados, floridos o recortados: a cada jardín su estilo. Los cercos vivos, verdaderos muros de plantas, están formados por árboles y arbustos agrupados, así plantados para separar el jardín de la calle, de jardines linderos o delimitar áreas interiores. Además de su utilidad práctica como pantallas protectoras o visuales, los cercos cumplen funciones estéticas de gran importancia.

La mayoría de los jardines en Uruguay son medianos o chicos; muchos de ellos consisten sencillamente en una mancha de césped y un cerco alrededor. En estos jardines los cercos merecen que les prestemos la mayor atención posible. Con planificación, ayuda profesional y mantenimiento adecuado lograremos cercos funcionales y bellos, para disfrutarlos por años. Los cercos son más que una frontera que delimita al jardín. Lo enmarcan, le dan jerarquía, subrayan su condición de habitación-paisaje, y además lo vinculan de manera indisociable con el entorno inmediato: los árboles de la vereda, los arbustos de los vecinos integran visualmente nuestro jardín, y condicionan su diseño.

Funciones de los cercos

  • Delimitan, crean un ambiente íntimo y protegido. A diferencia de un muro sólido, permiten conservar cierta transparencia.
  • Son reguladores bioclimáticos: filtran el viento y dan sombra.
  • Actúan como pequeños corredores ecológicos, dando refugio a diferentes especies animales: pájaros, insectos, batracios y hasta roedores.
  • Atenúan los sonidos de la calle y nos protegen del polvo.
  • Aportan color al jardín con su follaje, sus flores y frutos.
  • Constituyen un excelente marco para los canteros florales.
  • Ayudan a disimular vistas poco atractivas.
  • Fomentan la valorización del paisaje: un cerco vivo refleja el paso de las estaciones y nos deleita con aromas y colores, ayudándonos a comprender los procesos naturales.

 Tipos de cercos de arbustos

Formal o clásico

Cerco usualmente compuesto por una sola especie de arbustos de follaje persistente y compacto, los que deben ser podados sistemáticamente para mantener su forma definida. Excelente opción para grandes extensiones y para dar formalidad al jardín. No llama particularmente la atención, pero sirve como telón de fondo para el destaque de otras plantas.

Típico cerco con cipreses plantados hace más de 20 años, cuando esta especie eran comúnmente usada para levantar cercos formales tanto en chacras como en jardines.
Camino en Montevideo

Hay que tener en cuenta qué tienen plantado los vecinos.
De nada servirá que invirtamos en un excelente cerco vivo para que luego
los vecinos levanten un muro o planten árboles que compitan por el sol.
Lo mejor es consultarse y trabajar juntos.

 

 

 

Cercos cortaviento
Plantados juntos los ejemplares del género Cupressus
forman una pared siempre verde en poco tiempo.
Lamentablemente hace unos años aparecieron en Uruguay varios hongos
fitopatógenos que provocaron la muerte de muchos de estos cercos.

 

Pyracantha en flor

Especies tradicionales

Cotoneaster , crataegus, cupressus, juniperus, ligustrum ovalifolium (ligustrina),
myoporum acuminatum (transparente), pyracanta, thuya

 

 

Si elegimos arbustos de hoja caduca, en
los meses de invierno se verán desnudos;
y si elegimos arbustos que tengan floración,
perderemos la mayoría de las flores al tener que recortarlos.
¡Cuestión de gustos!

 

 

 

 

Informales

También llamados semilibres o modernos, son el tipo de cercos que vemos con más frecuencia. Incorporan movimiento e informalidad manteniendo la forma definida pero no estricta. Usualmente mixtos —es decir, formados por diferentes especies— pueden combinar follajes persistentes y caducos. Las podas no son tan frecuentes ni tan estrictas como en los cercos formales, lo que permite usar arbustos que se destaquen por sus flores o frutos.

 

Cerco mixto de crecimiento controlado. La variedad de colores lo convierte en un foco de atención que pasará difícilmente desapercibido. Especies utilizadas: Eugenia myrtifolia, Lavandula angustifolia, Eleagnus umbellata, Teucrium fruticans, Viburnum tinus, Duranta aurea. Departamento de Canelones, a principios de la primavera

Cerco informal, compuesto por una sola especie con floración en verano y otoño (Plumbago capensis). Provoca un impacto visual importante pero no hace detener la vista para examinarlo: un límite valorizado que llama la atención sin comprometer la intimidad de la casa.
Departamento de Maldonado, a finales del verano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Libres o salvajes

Formados con plantas variadas que se dejan crecer libremente, incluyendo alguna que aparece espontáneamente. Son recomendables para grandes extensiones donde se lucirán las formas naturales de las especies elegidas, sus texturas, flores y frutos.
En jardines más pequeños son una opción más difícil porque alcanzan un tamaño muy grande y no tenemos la perspectiva para apreciarlos en su conjunto. En estos jardines resultan impactantes por un tiempo, pero luego necesitan una poda drástica porque de lo contrario terminarán siendo demasiado anchos y se secarán abajo y en el medio; las plantas lucharán por recibir más sol creciendo hacia arriba sin mantenerse compactas.

 

Cercos libres a comienzos de la primavera. Ciudad de la Costa, Canelones

Cercos libres a comienzos de la primavera. Ciudad de la Costa, Canelones

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Minimalistas

Los jardines minimalistas usan pocos elementos logrando con ellos un alto impacto visual. Para un cerco minimalista es preciso elegir especies que se destaquen por su follaje o forma, plantarlas siguiendo un
diseño de líneas simples bien definidas, y
mantenerlas en su forma original mediante podas y mantenimiento apropiados.

 

Paspalum haumanii.
Gramínea nativa, siempre verde,
que puede alcanzar los 2 m de altura.
Ciudad de la Costa, Canelones,
al comienzo de la primavera

Especies más usadas en cercos minimalistas

Paspalum haumanii
Buxus sempervirens
Pittosporum nana
Phormium

Especies para sombra ligera

Abelia x grandiflora
Aucuba japonica
Buxus sempervirens
Camellia japonica
Clerodendrum bungei
Fatsia japonica
Fuchsia spp
Hibiscus syriacus
Hydrangea macrophylla
hypericum moserianum
Gardenia jasminoides
Ligustrum lucidum
Ligustrum sinensis
Rhododendron indicum
Viburnum tinus

 

y para zonas costeras

Acacia trinervis
Aloe arborescens
Cordyline australis
Dodonea viscosa
Eleagnus commutata
Nerium oleander
Myoporum laetum
Euonymus japonicus
Phormium tenax
Pittosporum tobira
Raphiolepis umbellata
Tamarix spp
Yucca spp

Para lograr este efecto se necesita una buena planificación y permanente mantenimiento. Si lo dejamos libre, obtendremos un cerco salvaje que tendrá momentos espectaculares donde se mezclarán follajes y flores, pero crecerá a lo ancho y a lo alto quedando seco en el centro y terminará con aspecto enmarañado y no muy sano.

Planifiquemos antes de plantar

Definir la función que va a cumplir el cerco, qué estilo nos gusta, qué vistas queremos tapar y cuáles valorizar.

Considerar el tipo de suelo, la exposición al sol, la disponibilidad de agua, los vientos predominantes, la cercanía o no de la costa marítima.

Diseñar: tomar medidas, definir formas, alturas, colores, texturas del futuro cerco.

Confeccionar una planilla con las plantas que nos gustaría poner, las condiciones que requieren y las que presenta nuestro jardín. Esto nos ayudará a elegir las especies que se adaptarán mejor.

Conseguir las plantas: ir a viveros de confianza con nuestra planilla. Elegir plantas sanas y lo más grandes posible. Si tenemos dudas, pedir consejo.

Antes de plantarlas, presentar las especies elegidas en el lugar previsto para confirmar o corregir nuestro diseño.

Plantar: hacer un buen pozo, poner un buen sustrato y respetar las distancias entre las plantas.

En un jardín pequeño debemos aprovechar al máximo el espacio. En el ejemplo de la foto, el cerco es punto focal; se mezclaron colores, follajes, diferentes alturas y se llenaron todos los huecos.

A tener en cuenta
• Salvo que nuestro suelo sea excepcionalmente rico, antes de plantar debemos mejorar la estructura e incorporar nutrientes. Así ayudaremos a que el nuevo ejemplar se adapte rápidamente y empiece a crecer.

• Si no queremos dejar huecos, podemos plantar inicialmente los arbustos bastante juntos y más adelante sacar algunos. Otra solución, respetando las distancias debidas, es llenar los huecos con plantas más pequeñas —herbáceas o florales de crecimiento rápido— que, cuando crezcan los arbustos, cambiaremos de lugar.

Tiempo al tiempo
• No existen cercos instantáneos. Tendremos que esperar por lo menos uno o dos años para que empecemos a ver lo que imaginamos.

• Los arbustos que vamos a plantar serán seguramente ejemplares jóvenes que se van a desarrollar en nuestro jardín. Por lo tanto, no olvidemos preguntar al viverista cuál va a ser el tamaño final y cuánto tiempo necesitarán para alcanzarlo.

La poda
Fertilización, riego y tratamientos sanitarios son tres tareas imprescindibles. Sin embargo, la que inmediatamente asociamos con los cercos es la poda. El objetivo de la poda es mantener el arbusto sano y dentro de la forma deseada. Todos los cercos necesitan ser podados, escasamente si se trata de un cerco libre, y en forma exhaustiva si es  un cerco formal.

Las podas de formación se hacen en los primeros dos o tres años de instalados los arbustos. Cortando las yemas principales lograremos cercos más tupidos.

Las podas de sanidad se hacen cada vez que se necesiten; se sacan las ramas muertas, las enfermas y los chupones.

Las podas para mantener la forma se realizan según la especie respetando la naturaleza del arbusto. Los arbustos de crecimiento más rápido deben podarse más a menudo. Si no los podamos van a crecer dejando huecos e irán perdiendo la forma; con la poda correcta prolongaremos su vida por más tiempo.

Si queremos modificar el tamaño de un cerco (o si lo dejamos sin podar y creció demasiado perdiendo su función o su encanto), la solución no es hacer una poda drástica que puede terminar matándolo, sino hacerlo por etapas, dándole tiempo a que se recupere antes de podar más corto.

Si no logramos recuperar la forma deseada, tendremos que considerar cambiarla. En tal caso, si no podemos salvar la parte de abajo, debemos elegir las plantas que queremos conservar, podarlas como arbolitos y llenar los huecos con otros arbustos y plantas que crecerán a la sombra de los más grandes.

 

Césped bermuda y rye grass en una pista deportiva ecuestre, Solymar, Uruguay

Césped, pasto, gramilla, hierba. Son todos nombres comunes de gramíneas cuya característica es formar una cubierta densa. Cuando pensamos en un jardín, lo primero que imaginamos es una verde y mullida pradera, marco de nuestras flores, plantas y árboles favoritos. ¿Cómo hacer para que esta imagen casi idílica se haga realidad en nuestro jardín? Al principio parece fácil: dejamos pasar un poco el tiempo y nuestro terreno, si tan solo tiene un poco de tierra, se cubrirá de gramilla… y de cantidad de otras hierbas. Con un poco de atención y cuidado, mejorará visiblemente; el clásico “corte y riego” funciona, por supuesto, pero aprendamos qué más podemos hacer, cuándo y cómo.

Color y textura
Lo primero es decidir cómo queremos que luzca nuestro césped: qué tono de verde nos gusta, qué textura, si pretendemos que se mantenga verde todo el año o solo una temporada, y qué uso le daremos. Luego veremos cómo hacemos para que luzca bien, sin morir en el intento.

 

Viabilidad
El pasto crece en cualquier lado, pero muy distinta impresión causa un césped bien cuidado frente a una simple mancha verde.  Consideremos las características de nuestro terreno para elegir la especie que se adapte mejor a sus dimensiones, tipo de suelo, orientación con respecto al sol.

 

Mantenimiento
La operación de mantenimiento que más tiempo lleva es la de cortar el césped; pero es también, junto con el riego y la fertilización, indispensable para obtener una alfombra densa y mullida. Tengamos presente, por lo tanto, cuánto tiempo y dinero podremos destinar a estas tareas.

 

Regla de oro para el corte
Cada vez que cortamos el pasto interferimos en su desarrollo.
Por eso, aunque esté muy largo, debemos cortarlo solo un tercio de su altura,

esperar a que se recupere y volver a cortarlo hasta llegar a la altura deseada.

 

Dos de las especies más usadas en Uruguay… 

 

Bermuda (Cynodon dactylon), el verde del verano 

En Uruguay lo conocemos como césped Bermuda y también como “gramilla fina”. Fue introducido por los ingleses a principios del siglo xx para colocarlo a los lados de las vías del ferrocarril. Típica especie invasora, adaptada completamente a nuestro clima y nuestros distintos tipos de suelo, presenta una gran capacidad de propagación y sobrevive en condiciones ambientales adversas. Ocupa la mayor parte de las praderas de Uruguay y es para el agro un verdadero dolor de cabeza, una maleza.
Para desarrollarse eficientemente necesita condiciones de mucha intensidad lumínica y altas temperaturas, pero soporta limitaciones de humedad. Es decir, adora el verano; es cuando crece y crece y, con los cuidados necesarios, se muestra en todo su esplendor. ¿Cuál es entonces el problema? ¡No le gusta el frío, ni la sombra! En cuanto empiezan las heladas entra en reposo y amarillean las hojas. Pasa el invierno latente, en estado de dormición, pero cuando empieza el calorcito rebrota.
Se propaga muy fácilmente por sus tallos rastreros (estolones), lo que hace innecesario resembrar con semilla. Sus raíces muy abundantes le permiten absorber agua de las capas profundas, y es esto lo que lo ayuda a tolerar la falta de lluvia o de riego. Durante las sequías puede parecer que muere, pero lo veremos brotar nuevamente apenas las condiciones se vuelven más favorable

 

Rye grass (Lolium multiflorum), el verde del invierno 

Si queremos observar el paso de las estaciones en el jardín, podemos dejar que el césped Bermuda muestre el efecto de las heladas (amarillo, no crece) y verlo reverdecer en primavera. Pero si queremos un césped verde todo el año podemos hacer una resiembra otoñal con rye grass anual sobre el césped ya establecido. Esta opción se ha empezado a ver más en los últimos años y nos permite, a bajo costo, tener césped verde todo el año y además controlar las malezas durante el período de latencia de otras especies de césped.
Se planta por semilla en otoño. Germina en poco tiempo (de 5 a 7 días) y crece rápidamente dando un césped verde brillante durante el invierno, que desaparece en cuanto comienza a elevarse la temperatura y el pasto perenne ya establecido recupera su presencia. ¿Qué podemos objetarle al rye grass? Su textura medianamente gruesa y su color verde claro, lo opuesto al color verde oscuro y la textura fina del Bermuda. Esto significa que en invierno el aspecto de nuestro césped cambiará; algo que conviene tener muy en cuenta para el diseño del resto del jardín.

¿Cuándo sembrar? De mediados de marzo a abril.
¿Cuánto? Seguir las instrucciones del paquete; en general, 4-6 kg por cada 100 metros cuadrados.
¿Cómo? Al voleo, esparciendo primero en un sentido y luego en forma perpendicular,
cuidando de hacerlo de manera uniforme.

 

…y una que nos salva

 

Grama brasilera (Axonopus compressus), la alternativa

Relativamente nuevo en nuestros jardines, se lo conoce vulgarmente como “grama brasilera”, “grama bahiana” o simplemente “césped brasilero”. A pesar de ser originario de zonas cálidas (Brasil, como lo dice su nombre), soporta bastante bien el frío de Uruguay. Gracias a su color verde brillante, a su textura de hoja ancha, a que prospera también en zonas de sombra y al haberse adaptado perfectamente, se ha vuelto uno de los céspedes más solicitados y se lo ve cada vez más en nuestros jardines. Se lo considera delicado pero no lo es; sumamente invasor, suele ganarle terreno hasta al propio Bermuda, aunque no es de crecimiento tan rápido como este. No le gusta la sequía, pero si recibe los cuidados adecuados formará una alfombra verde densa y mullida en poco tiempo.

¿Cómo se planta?
Por semilla es muy difícil; los mejores resultados se logran plantándolo por rollos. Su precio es entre dos a tres veces superior que el del bermuda,  para reducir costos podemos comprar algunos rollos, cortarlos en cuadraditos de, por ejemplo, 20 por 20 cm, y plantarlos separados. Al ser una planta estolonífera terminará cubriendo todo. Dependerá del tiempo que se quiera esperar –y de nuestro presupuesto– cuán separados los plantaremos.

 


Bermuda

Suelos — Fértiles de textura fina y drenaje moderados, neutros a moderadamente ácidos. Tolera los suelos salinos.
Exposición— Pleno sol. Necesita de 6 a 8 horas diarias de sol directo.
Temperatura — Césped de verano, no soporta temperaturas inferiores a 10-12 ºC.
Riego — Soporta la falta de riego.
Crecimiento — Rastrero (por estolones), crecimiento rápido en verano; permanece latente en invierno.
Cuidados — Cortar a no menos de 4 cm y en verano dejarlo más largo para prevenir la deshidratación. En primavera cortar más a menudo ayuda a combatir las malas hierbas. Darle una buena rastrillada en otoño y primavera, y airearlo practicando pequeños agujeros para romper la parte enmarañada entre la tierra y las hojas.


Rye grass

Suelos — Fértiles profundos, neutros, francos a franco-arcillosos.
Exposición — Pleno sol.
Temperatura — Césped de invierno, no soporta el calor.
Riego — Precisa abundante agua (lluvia o riego).
Desarrollo — Crecimiento muy rápido. Se resiembra todos los años en otoño. Mantener la densidad de siembra recomendada: si lo sembramos más denso, las plantitas crecerán débiles y si plantamos menos semillas no obtendremos un césped parejo.
Cuidados — No soporta cortes de menos de 2,5 cm. Usar máquina cortacésped con cuchillas bien afiladas o bordeadora; este césped de hojas fuertes y fibrosas lo agradecerá. Si las cuchillas no están afiladas, lo arranca: tengamos en cuenta que no tiene raíces bien afirmadas; las bordeadoras cortan más limpiamente.


Grama brasilera

Suelos — Francos arenosos a pesados y ácidos (con pH > 7 presenta clorosis).
Exposición  — Sol, media sombra. Puede soportar un poco de sombra.
Temperatura — Césped de verano, soporta inviernos suaves.
Riego — Precisa riego abundante en época cálida.
Desarrollo — Crecimiento de mediana rapidez, permanece latente en invierno.
Cuidados  El corte que lo hace lucir mejor no es el más corto: resiste bien cortes de menos de 4 cm, pero mantenerlo a una altura de 5 a 6 cm dará mejores resultados visualmente y ayudará a mantener la humedad. Es muy resistente y, si está sano, no permite que lo invadan otras hierbas.


 

1 10 11 12 13 14 23